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martes, 1 de mayo de 2012

El internet y las redes sociales en las relaciones humanas


Hoy en día, cuando las redes sociales son parte de nuestra vida, las relaciones humanas de manera presencial han ido en franca decadencia. Han aparecido recientemente datos y estudios sobre las redes sociales, cuyos resultados son estratosféricos, como por ejemplo, que Facebook alcanza la no despreciable suma de novecientos un millones de usuarios activos y que quinientos veintiséis millones de estos usuarios están activos diariamente (Estudio realizado por insideIPO, de fundación Wikimedia). ¿Por qué hay que presentar estos datos para analizar el tema central de este artículo? ¿Tendrá algo que ver estos números, para muchos inimaginables e increíbles, con las relaciones humanas? Si existe una relación entre estos datos y las relaciones humanas, ya que si analizamos los números en proporción a la cantidad total de población humana, el 13,1% de esta tiene cuenta activa en Facebook y el 7,6% lo utiliza diariamente. Para muchos será insignificante esta suma, pero analicemos profundamente estos datos. La cantidad de miembros activos diariamente es impresionante desde el punto de vista numérico, y más aún si consideremos que estos miembros se comunican con amigos, familiares y parejas mediante el chat de Facebook. ¿Pero qué tiene de malo esto? No tiene nada de malo, hasta que reconoces que ves a las personas cara a cara, y no eres capaz de emitir un “hola, ¿cómo estás?”, y es ahí cuando te das cuenta que dependes de las redes sociales para comunicarte. Esa comunicación es complementada con publicaciones en el muro, comentarios, fotos y Me gusta. Y como el afán tan innato del chileno de la curiosidad, o más conocido por todos nosotros como copuchenteo, aflora de manera casi instantánea, empezamos a revisar los perfiles de nuestros familiares, amigos y pareja, llegando al extremo de los celos enfermizos, y es ahí cuando aparecen frases que no son agradables a nuestra persona y lo único que hacen es destruir una relación. Frases como “¿Por qué tienes una foto con Juanito?, ¿Por qué publicó en tu muro Pedrito?, o ¿Por qué estás chateando con Pablito? A lo que quería llegar con esta breve desviación del tema, es que nuestra adicción y dependencia hacia las redes sociales, no tan solo el ya mencionado en numerables oportunidades en este artículo Facebook, sino que también Twitter, Google+, MySpace y tantas otras, nos generan un daño irreparable desde el punto de vista personal, al destruir nuestra identidad, nuestra personalidad, y también desde el punto de vista social, al darnos un temor a hablar con otras personas cara a cara, que va rompiendo poco a poco la red social directa que existía con nuestras familias, con nuestras amistades y con nuestras relaciones amorosas, y a su vez va interponiendo una pared imaginaria que se refleja en la masividad del uso de las redes sociales. Actualmente vivimos en una sociedad interconectada en todo sentido, y las relaciones humanas no están exentas de esta interconectividad, desarrollándose estas hasta tal punto de depender de las redes sociales para mantenerlas, y destruir de esta manera el tejido social de antaño y existente de forma moderadamente integra hasta inicios del siglo XXI, o mejor dicho, hasta la masificación de redes sociales de fama mundial, como Facebook, Twitter, Google+ o MySpace.

La información en los medios y la poca comunicación en la sociedad


Hoy vivimos en una sociedad invadida por los medios de comunicación de masas. Quizás en nuestros días resulte prácticamente inimaginable vivir sin teléfono móvil o sin televisión. Si a eso le agregamos que sabemos de manera instantánea informaciones que suceden en cualquier lugar del mundo, hoy nos encontramos en un mundo totalmente interconectado. ¿Pero esta interconexión nos ha sido beneficiosa del todo? ¿Será todo color de rosa como se le hace parecer? Tal como diría la escritora norteamericana Vicky Baum (1888-1960): “El mundo es bueno siempre que se le mire en conjunto, sin reparar en demasiados detalles.” En estos momentos el ser humano hace exactamente lo contrario: Es un perfecto genio en los detalles, pero prácticamente ignorante de un todo. Este efecto es generado casi totalmente por los medios de comunicación. Los programas televisivos hoy en día muestran la privacidad de las personas como si fuera información de la más sensata. Hoy sabemos todos los detalles de una información, pero no somos capaces de sintetizarlo en unas pocas palabras. Hoy somos expertos en la vida personal de grandes personajes faranduleros, pero no somos capaces, por ejemplo, de afrontar un sismo de mediana intensidad de manera adecuada. Esto se ve reflejado en las acciones que realizamos nosotros como seres “interconectados”, en que cada día estamos más enganchados, por no decir adictos, a la televisión, al teléfono móvil y al internet; no contemplamos una vida sin internet, redes sociales, chat, videojuegos, entre otras cosas. Sabemos que le pasó a Pedrito, Juanito o Perico, porque lo publicó a través de su Facebook, pero no sabemos que le ocurre a nuestros familiares que están “desconectados”, que no usan redes sociales. ¿Quién de nosotros ha tenido una comida larga por una grata conversación familiar, sin televisión y sin más motivo de interrupción que una llamada? ¿Será muy complicado para nosotros aprender a escuchar al otro y no depender de las redes sociales para saber como está? Viendo como nos encontramos invadidos de información, donde no hay tiempo ni para detenerse a pensar un minuto sobre ésta, y cuando creemos que estamos pensamos, viene otra y nos invade, y no nos permite pensar, sabemos los detalles de todas las noticias, pero no reflexionamos de estas. A veces pienso que las noticias, al ser en un 90% de carácter negativo, se usan para manipular a las personas, hacerlas más negativas y, de este modo, que no emitan opinión contraria a lo que está sucediendo. Entonces, si no pueden emitir opinión en persona, ¿A qué lugar recurrirá para expresarse libremente, sin tener nadie en el frente? La respuesta es muy sencilla: a las redes sociales. En verdad aquí nadie te ve cara a cara, pero cientos, miles y quizás millones siguen lo que estás opinando, lo que se refleja en una clara vulneración a nuestra privacidad, aunque de manera voluntaria, pero vulneración al fin y al cabo. Y esto ultimo es lo que nos ha llevado a saber más de los detalles de una tema cualquiera, que el todo global de este mismo. Esto es lo que nos ha llevado a dar charlas extensas de los temas que sabemos, pero cuando nos piden la idea principal o la opinión, nos quedamos mirando hacia cualquier lado y no sabemos que responder.