Hoy vivimos en una sociedad invadida por los medios de
comunicación de masas. Quizás en nuestros días resulte prácticamente
inimaginable vivir sin teléfono móvil o sin televisión. Si a eso le agregamos
que sabemos de manera instantánea informaciones que suceden en cualquier lugar
del mundo, hoy nos encontramos en un mundo totalmente interconectado. ¿Pero
esta interconexión nos ha sido beneficiosa del todo? ¿Será todo color de rosa como se le hace parecer? Tal
como diría la escritora norteamericana Vicky Baum (1888-1960): “El mundo es
bueno siempre que se le mire en conjunto, sin reparar en demasiados detalles.”
En estos momentos el ser humano hace exactamente lo contrario: Es un perfecto
genio en los detalles, pero prácticamente ignorante de un todo. Este efecto es
generado casi totalmente por los medios de comunicación. Los programas
televisivos hoy en día muestran la privacidad de las personas como si fuera
información de la más sensata. Hoy sabemos todos los detalles de una
información, pero no somos capaces de sintetizarlo en unas pocas palabras. Hoy
somos expertos en la vida personal de grandes personajes faranduleros, pero no somos capaces, por ejemplo, de afrontar un
sismo de mediana intensidad de manera adecuada. Esto se ve reflejado en las
acciones que realizamos nosotros como seres “interconectados”, en que cada día
estamos más enganchados, por no decir
adictos, a la televisión, al teléfono móvil y al internet; no contemplamos una
vida sin internet, redes sociales, chat, videojuegos, entre otras cosas.
Sabemos que le pasó a Pedrito, Juanito o Perico, porque lo publicó a través de
su Facebook, pero no sabemos que le ocurre a nuestros familiares que están
“desconectados”, que no usan redes sociales. ¿Quién de nosotros ha tenido una
comida larga por una grata conversación familiar, sin televisión y sin más
motivo de interrupción que una llamada? ¿Será muy complicado para nosotros
aprender a escuchar al otro y no depender de las redes sociales para saber como
está? Viendo como nos encontramos invadidos de información, donde no hay tiempo
ni para detenerse a pensar un minuto sobre ésta, y cuando creemos que estamos
pensamos, viene otra y nos invade, y no nos permite pensar, sabemos los detalles
de todas las noticias, pero no reflexionamos de estas. A veces pienso que las
noticias, al ser en un 90% de carácter negativo, se usan para manipular a las
personas, hacerlas más negativas y, de este modo, que no emitan opinión
contraria a lo que está sucediendo. Entonces, si no pueden emitir opinión en
persona, ¿A qué lugar recurrirá para expresarse libremente, sin tener nadie en
el frente? La respuesta es muy sencilla: a las redes sociales. En verdad aquí
nadie te ve cara a cara, pero cientos, miles y quizás millones siguen lo que
estás opinando, lo que se refleja en una clara vulneración a nuestra
privacidad, aunque de manera voluntaria, pero vulneración al fin y al cabo. Y
esto ultimo es lo que nos ha llevado a saber más de los detalles de una tema
cualquiera, que el todo global de este mismo. Esto es lo que nos ha llevado a
dar charlas extensas de los temas que sabemos, pero cuando nos piden la idea
principal o la opinión, nos quedamos mirando hacia cualquier lado y no sabemos
que responder.
Hoy vivimos en una sociedad invadida por los medios de comunicació. Quizás en nuestros días resulte prácticamente inimaginable vivir sin teléfono móvil o sin televisión, además sabemos de instantaneamente lo que suceden en cualquier lugar del mundo. Hoy vivimos en un mundo globalizado y comunicado.
ResponderEliminar¿Pero esta interconexión nos ha sido beneficiosa del todo? ¿Será todo color de rosa como se le hace parecer?
Tal como diría la escritora norteamericana Vicky Baum (1888-1960): “El mundo es bueno siempre que se le mire en conjunto, sin reparar en demasiados detalles.” En estos momentos el ser humano hace exactamente lo contrario. Es un perfecto genio en los detalles, pero prácticamente ignorante de un todo. Este efecto es generado casi totalmente por los medios de comunicación. Los programas televisivos, hoy en día muestran la privacidad de las personas como si fuera información de la más sensata; Hoy sabemos todos los detalles de una información, pero no somos capaces de sintetizarlo en unas pocas palabras; Hoy somos expertos en la vida personal de grandes personajes faranduleros, pero no somos capaces de afrontar un sismo de mediana intensidad de manera adecuada. Esto se ve reflejado en las acciones que realizamos nosotros como seres “interconectados”, en que cada día estamos más adictos a la televisión, al teléfono móvil y al internet; No contemplamos una vida sin internet, redes sociales, chat, videojuegos, entre otras cosas. Sabemos que le pasó a Pedrito, Juanito o Perico, porque lo publicó a través de su Facebook. Sin embargo ¿sabemos que le ocurre a nuestros familiares que están “desconectados”?.
¿Quién de nosotros ha tenido una comida larga por una grata conversación familiar, sin televisión y sin más motivo de interrupción que una llamada? ¿Será muy complicado para nosotros aprender a escuchar al otro y no depender de las redes sociales para saber como está?
Viendo como nos encontramos invadidos de información, donde no hay tiempo ni para detenerse a pensar un minuto sobre ésta, y cuando creemos que estamos pensamos, viene otra y nos invade. Sabemos los detalles de todas las noticias, pero no reflexionamos de estas. A veces pienso que las noticias, al ser en un 90% de carácter negativo, se usan para manipular a las personas, hacerlas más negativas y, de este modo, que no emitan opinión contraria a lo que está sucediendo. Entonces, si no pueden emitir opinión en persona, ¿A qué lugar recurrirá para expresarse libremente, sin tener nadie en el frente? La respuesta es muy sencilla: a las redes sociales. Aquí nadie te ve cara a cara, pero cientos, miles y quizás millones siguen lo que estás opinando, lo que se refleja en una clara vulneración a nuestra privacidad, aunque de manera voluntaria, pero vulneración al fin y al cabo. Y esto ultimo es lo que nos ha llevado a saber más de los detalles de una tema cualquiera, que el todo global de este mismo. Esto es lo que nos ha llevado a dar charlas extensas de los temas que sabemos, pero cuando nos piden la idea principal o la opinión, nos quedamos mirando hacia cualquier lado y no sabemos que responder.