Hoy en día, cuando las redes sociales son parte de
nuestra vida, las relaciones humanas de manera presencial han ido en franca
decadencia. Han aparecido recientemente datos y estudios sobre las redes
sociales, cuyos resultados son estratosféricos, como por ejemplo, que Facebook
alcanza la no despreciable suma de novecientos un millones de usuarios activos
y que quinientos veintiséis millones de estos usuarios están activos
diariamente (Estudio realizado por insideIPO, de fundación Wikimedia). ¿Por qué
hay que presentar estos datos para analizar el tema central de este artículo?
¿Tendrá algo que ver estos números, para muchos inimaginables e increíbles, con
las relaciones humanas? Si existe una relación entre estos datos y las
relaciones humanas, ya que si analizamos los números en proporción a la
cantidad total de población humana, el 13,1% de esta tiene cuenta activa en Facebook
y el 7,6% lo utiliza diariamente. Para muchos será insignificante esta suma,
pero analicemos profundamente estos datos. La cantidad de miembros activos
diariamente es impresionante desde el punto de vista numérico, y más aún si
consideremos que estos miembros se comunican con amigos, familiares y parejas
mediante el chat de Facebook. ¿Pero qué tiene de malo esto? No tiene nada de
malo, hasta que reconoces que ves a las personas cara a cara, y no eres capaz
de emitir un “hola, ¿cómo estás?”, y es ahí cuando te das cuenta que dependes
de las redes sociales para comunicarte. Esa comunicación es complementada con
publicaciones en el muro, comentarios, fotos y Me gusta. Y como el afán tan innato del chileno de la curiosidad, o
más conocido por todos nosotros como copuchenteo, aflora de manera casi instantánea,
empezamos a revisar los perfiles de nuestros familiares, amigos y pareja,
llegando al extremo de los celos enfermizos, y es ahí cuando aparecen frases
que no son agradables a nuestra persona y lo único que hacen es destruir una
relación. Frases como “¿Por qué tienes una foto con Juanito?, ¿Por qué publicó
en tu muro Pedrito?, o ¿Por qué estás chateando con Pablito? A lo que quería
llegar con esta breve desviación del tema, es que nuestra adicción y
dependencia hacia las redes sociales, no tan solo el ya mencionado en
numerables oportunidades en este artículo Facebook, sino que también Twitter, Google+,
MySpace y tantas otras, nos generan un daño irreparable desde el punto de vista
personal, al destruir nuestra identidad, nuestra personalidad, y también desde
el punto de vista social, al darnos un temor a hablar con otras personas cara a
cara, que va rompiendo poco a poco la red social directa que existía con
nuestras familias, con nuestras amistades y con nuestras relaciones amorosas, y
a su vez va interponiendo una pared imaginaria que se refleja en la masividad del
uso de las redes sociales. Actualmente vivimos en una sociedad interconectada
en todo sentido, y las relaciones humanas no están exentas de esta
interconectividad, desarrollándose estas hasta tal punto de depender de las
redes sociales para mantenerlas, y destruir de esta manera el tejido social de
antaño y existente de forma moderadamente integra hasta inicios del siglo XXI,
o mejor dicho, hasta la masificación de redes sociales de fama mundial, como
Facebook, Twitter, Google+ o MySpace.
Hoy en día, cuando las redes sociales son parte de nuestra vida, las relaciones humanas han ido en franca decadencia.
ResponderEliminarHan aparecido recientemente datos y estudios sobre las redes sociales, cuyos resultados son estratosféricos. Ejemplo: Facebook alcanza la suma de novecientos un millones de usuarios activos y quinientos veintiséis millones de estos usuarios están activos diariamente (Estudio realizado por insideIPO, de fundación Wikimedia).
¿Por qué hay que presentar estos datos para analizar el tema central de este artículo? ¿Tendrá algo que ver estos números, para muchos inimaginables e increíbles, con las relaciones humanas?
Sí, existe una relación entre estos datos y las relaciones humanas, si analizamos los números en proporción a la cantidad total de población humana, el 13,1% de esta tiene cuenta activa en Facebook y el 7,6% lo utiliza diariamente. Para muchos será insignificante esta suma, pero analicemos profundamente estos datos. La cantidad de miembros activos diariamente es impresionante desde el punto de vista numérico, y más aún si consideremos que estos miembros se comunican con amigos, familiares y parejas mediante el chat de Facebook.
¿Pero qué tiene de malo esto?
No tiene nada de malo dependiendo del punto de vista. Por ejemplo:
Si llega un momento en que ves a las personas cara a cara, y no eres capaz de emitir un “hola, ¿cómo estás?”, es solo en ese momento cuando te das cuenta que dependes de las redes sociales para comunicarte. Esa comunicación es complementada con publicaciones en el muro, comentarios, fotos y me gusta. Además, como el afán tan innato del chileno de la curiosidad, o más conocido por todos nosotros como "copuchenteo", aflora de manera casi instantánea. Empezamos a revisar los perfiles de nuestros familiares, amigos y pareja, llegando al extremo de los celos enfermizos, y es ahí cuando aparecen frases que no son agradables. En ese momento si son negaticos, lo único que hacen es destruir una relación. Frases como “¿Por qué tienes una foto con Juanito?, ¿Por qué publicó en tu muro Pedrito?, o ¿Por qué estás chateando con Pablito?
Con esto queda claro que nuestra adicción y dependencia hacia las redes sociales (Facebook, Twitter, Google+, MySpace, y otros) nos generan un daño irreparable desde el punto de vista personal, al destruir nuestra identidad, nuestra personalidad, y también desde el punto de vista social. Nos dan un temor a hablar con otras personas cara a cara, que va rompiendo poco a poco la red social directa que existía con nuestras familias, con nuestras amistades y con nuestras relaciones amorosas, y a su vez va interponiendo una pared imaginaria que se refleja en la masividad del uso de las redes sociales.
Actualmente vivimos en una sociedad interconectada en todo sentido, y las relaciones humanas no están exentas de este fenómeno, desarrollándose hasta tal punto de depender de las redes sociales para mantenerlas, y destruir de esta manera el tejido social de antaño y existente de forma moderadamente integra hasta inicios del siglo XXI, o hasta la masificación de redes sociales ya mencionadas.